¿Quiénes somos?

MISIÓN:

Un poco de historia sobre el MLC

La intuición primera sobre el origen del MLC no la podemos saber, pues se encuentra dentro del misterio personal y del Misterio de Dios. Sin embargo, sabemos que algunas peticiones para abrir caminos a un Movimiento laical concepcionista ya habían surgido en Capítulos Generales precedentes al XIII celebrado en el año 2000, que fue el lanzamiento formal, desde la Congregación para abrir los caminos de este Movimiento laico concepcionista (MLC).

Es importante tener en cuenta que todo esto brota de una llamada de la Iglesia en los últimos tiempos. Sabemos que ya desde el Concilio Vaticano II se viene hablando de la importancia de compartir el carisma de los Institutos religiosos con los laicos.

Sabemos que “El carisma concepcionista es un don que Dios nos ha dado para enriquecer a su Iglesia. Compartir la espiritualidad y misión congregacional es una forma de ser y de realizar nuestra misión en ella. El carisma que nos legó Madre Carmen Sallés no se nos ha dado en exclusiva, sino que debe ser compartido como don eclesial, generando una afinidad espiritual entre todos los que participamos en la misión”. Estas palabras del XIII Capítulo General, -celebrado en Julio del año 2000 en Buitrago de Lozoya (Madrid), España- han sido para el Equipo General una llamada constante desde aquel año.

 

 

VISIÓN:

La vocación del miembro del MLC es laical, y como tal tiene unas finalidades específicas:
• Fomentar la vida de fe para seguir a Jesucristo y vivir el Evangelio, según el carisma de Carmen Sallés.
• Comprometerse con la Iglesia y la sociedad, mediante su acción apostólica, de acuerdo con los signos de los tiempos.
• Formar unidad con las Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza, contribuyendo a la difusión y actualización del carisma concepcionista.

El laico concepcionista se sabe llamado por Dios con una vocación y misión específica. Vive la propia historia como Historia de Salvación dejándose conducir en ella por Dios. Por eso cultiva la formación permanente llenándose, como nos decía M. Carmen, “por el estudio y la oración de ciencia y virtud” para repartirlo después en su vida familiar y social. Acepta la cruz en la propia vida como identificación con Jesucristo y uniéndose también a los hermanos que sufren. Trata de proyectar en el ambiente donde vive el espíritu de educador y evangelizador que siempre le mueve.

 

VALORES:

Porque somos cristianos estamos llamados a hacer presente el Reino aquí y ahora, a construir la Iglesia. Por lo que la misión común del MLC es la misión que Cristo le encomienda como asociación de Iglesia.

Esto no significa que en el MLC todos hagan lo mismo. Las tareas pueden ser diversas, pero la misión es común, no sólo por su origen, sino también por su orientación. Todos, de distintas maneras, promueven los mismos valores y contribuyen a la realización de objetivos y prioridades comunes. Podríamos hablar de actuación común en misión de Iglesia.

Por amor de Dios, quien pertenece al MLC se compromete en la transformación del mundo, para que los hijos e hijas de Dios vivan dignamente según su voluntad. Quiere igualmente reconocer en cada hombre y mujer, a Jesús, que se ha identificado con cada ser humano, en especial con los más necesitados.

La constitución 68 establece que “el Movimiento Laico Concepcionista es una forma específica de participación laical”; y añade: “la colaboración e intercambio de dones entre religiosas y laicos, contribuye a desarrollar el carisma y hacer más eficaz la proyección apostólica”.